
Cuando llegó la plenitud de los tiempos y Dios entró en el mundo, eligió a María, en quien el Niño Jesús, hijo del Altísimo, habitaría nueve meses, desde su Encarnación hasta el Nacimiento en Belén.
María, Madre de Dios, es Domus Aurea, el nuevo Templo de Dios, la Casa iluminada y bendita por la luz de Cristo en ella.
