La Virgen, Nuestra Señora de Fátima, se aparece a los pastorcitos: Lucia, Jacinta, y Francisco y los invita a encontrarse con Ella los días trece de cada mes, y rezar el Rosario.
Rezar el Rosario es mirar la vida de Jesús. En Él, en su corazón lleno de amor, los niños tienen un lugar especial. Ellos pueden pedir por la salvación de todas las almas y Jesús les escuchará.
Los niños pueden ofrecer a Jesús sus pequeños o grandes sufrimientos como pequeñas ramitas que se echan en el fuego ardiente del Corazón de Cristo. Todo vale, pequeñísimas cosas que Dios las multiplica.
Una sonrisa, una palabra amable, son tesoros de los niños para ofrecer a Jesús.
