¡Hoy he visto a Nuestra Señora! dice Jacinta a su mamá.
Jacinta ha sido tocada por la dulzura de Nuestra Señora. La Virgen tiene un corazón tan precioso, y una mirada tan amorosa y serena que a Jacinta se le escapa la promesa que hizo con Francisco y Lucia, de no contar a nadie la aparición de Maria; era un secreto entre los tres. ¡La Virgen nos puede visitar secretamente también a nosotros! y aunque no la veamos, y no haga ningún ruido, Ella está ahí con nosotros, más aún si la llamamos. Muchas veces hay que llamarla y cuando llega, todo es más amable, más dulce y más armónico.
Cada día llamemos a nuestra madre la Santa Virgen María; llamémosla cuando estemos tristes o nos sintamos solos; llamémosla cuando hay un ambiente malo en la casa o cuando tengamos miedo, ¡también cuando estemos contentos!
Llamemos a la Virgen cada día y varias veces; Ella siempre escucha y nos visita. ¡Es Verdad!
