A veces, Dios nos manda pruebas, sufrimientos, que nos cuesta soportarlos. Puede ser que tengamos que sufrir una injusticia, o algún maltrato, por parte de alguien, tal como Lucía sufre un trato injusto de parte de su madre, porque no le cree que ha visto a la Virgen.
¿Qué podemos hacer?
Ofrecer ese sufrimiento a Dios, entregarlo a Él para reparar por las almas de los pecadores.
Lucía es tratada como mentirosa; pero ella ha dicho la verdad. Es doloroso, pero ella regala ese dolor a Dios como reparación por los pecados de los hombres. Dios mira y acepta nuestros regalos, por pequeños que sean.
