Mucha gente quiere ver a los tres pastorcitos.
Vienen desde lejos, para verlos , tocarlos y preguntarles sobre la aparición de la Virgen y quieren saber cuál es el secreto que ella les ha dicho.
Como vienen a caballo, pasan por los campos sembrados de la familia de Lucia y destruyen sus siembras y hortalizas. Es grave, porque de esta siembra come la familia, y cómo los sembrados se destruyen, se quedan con muy poca comida. Lucia sufre por esto y en su casa la culpan a ella y la castigan dejándola sin comer.
¡Cuánto ha tenido que sufrir la pequeña Lucia por todas estas cosas!
Nuestra Señora de Fatima sabe esto, cómo sabe también de todas nuestras penas. Confiemos en Ella, esperémosla a Ella, dejémosla actuar a Ella.
Solo digamos: Ay Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco todo a ti.
