Letras

De la carta Venecia a los Artistas

El arte es experiencia de universalidad.  No puede ser mero objeto o medio.  Es palabra primitiva en el sentido de que viene primero y está en el fondo de toda otra palabra.  Es palabra de los orígenes que escruta el sentido primero y último de la vida, más allá de la inmediatez de la experiencia.

El conocimiento traducido en líneas, imágenes y sonidos, símbolos que el concepto sabe reconocer cual proyecciones sobre lo arcano de la vida, más allá de los límites que el concepto no puede superar: aperturas, por consiguiente a lo profundo, alto e inexpresable de la existencia, vías que mantienen libre al hombre hacia el misterio y traduce sus ansias que no tienen otras palabras para expresarse.  Religioso, por tanto es el arte, pues lleva al hombre a tener conciencia de la inquietud que existe en el fondo de su ser y que ni la ciencia…ni la técnica…conseguirán satisfacer jamás.

El arte no es apertura hacia lo inconsciente, sino a lo más consciente: conduce al hombre a sí mismo y lo hace ser más hombre.  Por ello es también educación, entrenamiento y aprendizaje de más alta humanidad.

El arte consume al artista y en él consume el egoísmo del hombre.  El artista se abandona al reclamo que viene del punto que está más allá de él y se entrega a todo lo inexpresable.  La obra de arte, así lo confiesan los artistas, es conflicto, tormento, lucha en que el hombre debe rendirse al reclamo más hondo de su ser.  Por ello hay que pensar que el arte es un sendero que lleva a Dios.  Es una gracia otorgada a algunos, para que éstos abran el camino a otros.  Si la cultura es el acto con que el hombre toma auto conciencia crítica de sí, entonces la palabra de la poesía es su manifestación privilegiada.

Por tanto, la Iglesia siente el deber de recordarse a sí misma y a todos los hombres, que también el arte es a su modo, revelador de trascendencia…Lo hace (en ésta ocasión, pero también) en su liturgia que es palabra, símbolo y gesto, es decir, arte.  En la liturgia hay poesía expresada en los signos que conducen al hombre a Dios -el cual sale al encuentro del hombre.  Belleza y verdad nos enseñan los Padre, se claman mutuamente. Ambos son los nombre de Dios, que en Cristo han tomado la forma del Amor.

S.S. Juan Pablo II

La gloria de Dios en la creación

La Sabiduria 

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